Ya viví cien años

El dirigente villero Alejandro “El Pitu” Salvatierra encabezó una actividad en el Instituto Patria para celebrar un hecho personal y político muy esperado: la reciente publicación, a cargo de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV) y Punto de Encuentro, de su biografía autorizada, “Ya viví cien años”. Lo acompañaron el rector la universidad bonarense, Jorge Calzoni, la periodista Julia Mengolini, y el autor del libro y coordinador del ciclo de presentaciones editoriales de la casa, Mariano Abrevaya Dios.

La apertura de la presentación estuvo a cargo de Teresa Parodi, secretaria del PATRIA, quien con su habitual calidez hizo referencia al titulo del texto, “Ya viví cien años”, al recordar con la voz entrecortada y los ojos humedecidos que durante la época en la que trabajó como docente en la provincia de Misiones, una mañana le preguntó la edad a un alumno de un barrio humilde, y que el “gurí” le dijo que ya tenía como cien años. El punto de contacto con Alejandro era evidente: dos cortas vidas atravesadas por la falta y las urgencias.

El hombre de la casa y autor del libro contó que su vida tenía con la de Alejandro por lo menos tres grandes puntos de contacto. Los padres de ambos fueron asesinados por fuerzas de seguridad estatales. En su caso, a manos del terrorismo de Estado, en 1976. En el de Salvatierra, como consecuencia de una lluvia de balas de la policía Bonaerense, en el año 2.000. Ambos fueron adictos a las drogas. Y para los dos la militancia política es desde hace tiempo una elección de vida. De hecho fue por eso que se conocieron, en 2010, solo unos días después de la toma de tierras del Parque Indoamericano, en el que Alejandro tuvo una participación protagónica.

“El Indoamericano tiene un lugar central en la biografía”, contó Abrevaya Dios, “ya que es en ese momento que Ale se asume como villero, hace carne esa bandera que hasta hoy sostiene en términos político, pero también la inundación que azotó a la ciudad de La Plata”, agregó, “una tragedia a la que Ale le puso el hombro junto a miles de compañeros de todo el país, y a partir de la cual yo pude conocerle una de sus fibras más íntimas: su sensibilidad social”, cerró, emocionado. Se trató de una jornada soñada, contó, porque luego de cinco años de trabajo “hoy estamos presentando el libro junto a grandes compañeros y nada menos que en el Patria de Cristina”.

El auditorio fue colmado desde temprano, entre otros, por decenas de vecinos de la villa 15, en Villa Lugano, también conocido como Ciudad Oculta, barrio en el que viven los Salvatierra. Entre ellos estaban su esposa, dos de sus hijos, su madre, hermanos y sobrinos.

El rector de la UNDAV elogió el libro y en especial la fuerza de Alejandro “para sobreponerse a todas las seras dificultades que le estampó la vida” para luego “abocarse de lleno a la tarea social y política”. Lo invitó a realizar una presentación en la casa de estudios de la ciudad de Avellaneda que dirige, “para que le cuentes tu historia a muchos de los alumnos que por estos meses están con una pata afuera como consecuencia de las complicaciones económicas que golpea a sus familias”.

Mengolini contó que hace mucho tiempo es “fanática” del Pitu, por su historia de vida, su coraje, su compromiso político, y que la última vez que lo había puesto al aire en la radio fue hace un año atrás, cuando fue detenido por una causa de drogas que recayó, nada menos, en el juzgado del juez Claudio Bonadío, un insaciable a la hora de perseguir funcionarios y dirigentes kirchneristas.

“Justamente con ese episodio comienza la biografía de Mariano”, le contó a los más de cien asistentes que colmaron el salón. “Qué le pasó a Ale”, indagó. “Para mí fue la llegada del macrismo, que comenzó a arrasar con toda la protección social que había desplegado el gobierno anterior”, dijo. Luego repasó otro pasajes de la vida de Alejandro que están narradas en el libro e hizo hincapié en el hecho de que perdiese la libertad “tres días antes de que el país se derrumbase en la peor de las crisis que haya conocido”. En más de un momento se le quebró la voz y ante un gesto de cariño de Alejandro, que estaba a su lado, aclaró que “son lágrimas de felicidad”.

El “Pitu” realizó un repaso de su vida, que incluyó derrotas y victorias, sufrimientos y profundas demostraciones de amor, vejámenes y actitudes de una nobleza que solo algunos pueden poner en acción. Cuando repasó el pasaje de su vida en el que transitó la delincuencia, dijo que se trató de “un camino del que hoy me arrepiento porque cualquier gil se pone una pistola debajo del cinto pero no cualquier se levanta a las cinco de la mañana para ir lavar copas a un bar”. Asoció el derrumbe familiar y personal con el colectivo, con el que sufrió la Argentina con el neoliberalismo impuesto por Menem y Cavallo, primero, y la Alianza después, aparte de asumir sus debilidades y errores. Explicó que fue en la Unidad 9 de La Plata donde pudo comenzar a recontruirse “y terminar el secundario de la  mano de dos profesores que aparte me ofrecieron una formación política” y que al regresar al barrio, en 2008, se encontró con “un país que ya no estaba de rodillas”.

“Cómo no me voy a enamorar del kirchnerismo”, dijo, “si fue la primera vez en la vida que pude acceder a un trabajo registrado -de la mano de la fundación Sueños Compartidos de la Asociación Madres de Plaza de Mayo-, si fue la primera vez que mi madre comenzó a cobrar la pensión por madre de más de siete hijos”. Le habló a sus pares, los villeros: “Está bien que vayamos a la iglesia a cantar, a rezar, pero tenemos que saber que a la realidad no la transforma Dios, sino la política. Hoy la única que puede garantizar un país en el que seamos tenidos en cuenta es Cristina Fernández de Kirchner”.

Los aplausos colmaron el auditorio y le anudaron la garganta a más de uno. Por momento se tornaba imposible no lagrimear. Alejandro es muy profundo, un gran comunicador y pedagogo, ya que cuenta con una enorme lucidez, capacidad de liderazgo y experiencias de vida fuera de lo común.

“Yo no estaría vivo sino fuera por el amor”, disparó. Y mencionó a la compañera de toda su vida, presente en las primeras filas, a sus hijos, su nieto, su madre, “una mujer que sufrió muchísimo a lo largo de toda su vida”, los compañeros de militancia de su barrio y el resto de las villas, y el proyecto político que lo contuvo y que lo enamoró. “Siempre recuerdo el discurso de asunción de Néstor”, dijo. Los dos profesores del penal lo codeaban. Le insistían para que preste atención. Ellos estaban conmovidos. “Yo estaba en otra, no le podía prestar atención a Néstor, pero al poco tiempo me di cuenta que él -y luego Cristina- ya me tenían en sus planes”.