Nicaragua frente a los enemigos de su Revolución

En noviembre del 2016, y con más del 70% de los votos, Daniel Ortega fue nuevamente electo presidente de Nicaragua, en comicios monitoreados por organismos internacionales. Puede atribuirse ese resultado al mejoramiento constante del nivel de vida del conjunto de la sociedad en la Patria de Sandino, y por la ampliación de derechos en sectores históricamente postergados.

Ahora bien, hemos visto hace pocos días que la paz social -basada en la voluntad política de fortalecer un acuerdo nacional entre trabajadores y empresarios- fue puesta en jaque por incidentes que por momentos nos traían a la memoria las criminales guarimbas impulsadas por la derecha venezolana. En simultáneo imágenes nos mostraban a comercios siendo afectados por los desmanes del saqueo, aunque estos fueron desalentados y desactivados con suficiente efectividad por el pueblo en su conjunto.

Una reforma de matriz no neoliberal en la Seguridad Social, pero que no dejaba de ser vista como “señal de ajuste”, fue el detonante de acciones violentas, a la que inmediatamente se montaron los enemigos de la revolución. El presidente Daniel Ortega tuvo una rápida y oportuna reacción política, y pudo recomponer el diálogo con los sectores que fueron críticos de esa reforma.

Para no entrar en detalles técnicos sobre la conveniencia o no de la medida de gobierno, nos detendremos a observar la llamativa y veloz articulación de los sectores destituyentes que alientan, más que a la solución del conflicto, a la caída del presidente constitucional. Hemos visto en Nuestramérica el bloqueo a la Cuba socialista, el ataque al gobierno de Evo Morales desde la derecha racista; hemos sido testigos del Golpe de Estado en Honduras que, con colaboración de fuerzas estadounidenses, expulsó del gobierno a Mel Zelaya. Hemos sido testigos de la operación que le quitó la presidencia a Fernando Lugo en Paraguay por parte de intereses consonantes con los que luego destituyeron a Dilma Rousseff en Brasil, y por estas horas encarcelan a Lula allí mismo. Y sólo por dar algunos ejemplos.

Presenciamos con preocupación la puesta en marcha, dentro de Nicaragua, de lo que hoy se denomina un “golpe suave”, de esos que siempre tienen como principal objetivo invalidar y derrocar a gobiernos revolucionarios o de características populares. Los denominados golpes suaves, o golpes blandos, no son ni tan suaves ni tan blandos, y de hecho terminan logrando también el derramamiento de sangre, sabiendo que a esa sangre siempre terminan poniéndola los pueblos. Vemos un más claro resurgimiento de las intenciones de dominio imperialista en nuestra región, reconociendo esa mano detrás de muchas acciones, y repudiamos tal cosa.

Con la esperanza de una pronta y definitiva salida de estas horas, que fueron angustiantes para Nicaragua y para muchos de nosotros, desde la Comisión de Integración Regional y Asuntos Internacioanles, saludamos al gobierno sandinista de Daniel Ortega. La Patria de Sandino “ni se entrega, ni se vende”.