Leo Bilanski: “Con las corporaciones no se negocia”.

El integrante de la Comisión de Empresarios Nacionales del PATRIA cerró una charla en la que se analizó las consecuencias que la política económica de Cambiemos está ejerciendo sobre el tejido productivo nacional, en especial las PyMEs, con la apertura de las importaciones, la devaluación y la suba de los costos. Los invitados realizaron un repaso de otros procesos históricos nacionales y ofrecieron algunas propuestas para el momento que el campo nacional vuelva a ser gobierno.

El Instituto PATRIA organizó la charla denominada “Apertura Comercial y Desindustrialización. En la fase superior del granero del mundo”, que contó con la presencia Pablo Manzanelli, investigador de Cifra-FLACSO, Mariano Kestelboim, economista de la UBA y UNDAV e integrante de EPPA, y Leo Bilanski. Moderó Fernanda Vallejos, economista de la UBA y también integrante del espacio EPPA.

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El encuentro fue presentado por Oscar Parrilli y Federico Bernal, miembros de la comisión directiva del PATRIA, quienes contaron los objetivos de la Asociación Civil, y la serie de actividades que está realizando en su sede y también en distintos puntos del país. A lo largo de la charla los panelistas repasaron las medidas económicas con las que Alianza Cambiemos está desmantelando los instrumentos de control y administración del comercio que había implementado el gobierno anterior para proteger a la entonces incipiente industria nacional –para de ese modo garantizarle condiciones de sustentabilidad y el fortalecimiento de las condiciones de competitividad-.

También realizaron una evaluación del contexto económico internacional, tanto el de los últimos años como el de la actualidad, y mencionaron algunas decisiones y saldos pendientes de los gobiernos populares en la materia, pensando en el futuro y en la vuelta del poder público a cargo de un proyecto nacional.

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“La Alianza Cambiemos ha decidido la apertura importadora irrestricta e indiscriminada que están haciendo muchísimo daño en el entramado productivo nacional”, dijo Vallejos en el arranque del encuentro, ya que “no están ajenos a los problemas que aquejan a las mayorías del pueblo argentino”, y punteó medidas como la devaluación, que “impacta de modo brutal sobre sus costos”, el tarifazo sobre los servicios públicos, la política financiera del Banco Central, a cargo de Federico Sturzenegger, y “la depresión que el contexto general ha generado en los ingresos de la población y el consecuente desplome del consumo”.

 

La economista recordó que “la política industrial de una Nación no puede sostener por sí misma ni goza de autonomía con respecto a una política económica general”, y que “no existe una política industrial sin una macroeconomía para el desarrollo”. Sostuvo que entre todas las mentiras que el macrismo reproduce en los medios de comunicación, está lo referido al supuesto proyecto de industrialización que impulsa el gobierno. Dijo: “No puede haber proyecto industrial sin un mercado interno sustentable”, que a su vez necesita que se privilegie “el empleo y el ingreso de los argentinos”.

 

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Luego fue el turno de Manzanelli, que mencionó la “crisis de restricción interna” como una de las razones que explican la contradicción de los procesos políticos populares la región que se quedaron a “mitad de camino” en el cambio profundo en la estructura productiva del país que pudiese sustentar la exitosa distribución del ingreso, el aumento del consumo y el mercado interno. Lo adjudicó, principalmente, a la “falta de inversión de las grandes empresas industriales” que “no reinvirtieron ganancias por 160 mil millones de dólares durante las gestiones kirchneristas”, y la “fuga de capitales que fueron de 140 mil millones de dólares”.

 

El investigador de Cifra habló de un “fuerte proceso de puja distributiva” en el “interior de las fracciones dominantes del capital” para ver quién ejerce la hegemonía a favor de sus intereses económicos”. Situó la disputa en un escenario inédito, ya que a lo largo de otras experiencias históricas, solían darse en el marco de una crisis, cuando hoy en día “la crisis se produce con la puja distributiva”. Y lanzó una hipótesis con respecto a los bandos en disputa. Por un lado situó a Mauricio Macri en representación de “al capital extranjero ligado al sector de  los servicios”, y al Frente Renovador en nombre “de los grupos económicos locales”.

 

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Kestelboim habló de los principales problemas que el gobierno de Mauricio Macri tendrá por delante para “poder imponer sus decisiones de política económica”, y mencionó el engaño con el que el Gobierno nacional opera sobre la opinión pública de la mano de los grandes medios de comunicación. Recordó que a comienzos de año “dijeron que la inflación iba a ser del 33 por ciento”, una cifra alejada de la realidad, con la que lograron “que las negociaciones de las paritarias pudiesen cerrarse en valores en torno al 30 y 35 por ciento”, con lo cual, en el primer semestre, y cruzando la cifra con la inflación, “los trabajadores perdieron un 12 por ciento de su poder de compra”.

 

El economista realizó un repaso histórico de los distintos escenarios económicos por los que atravesó el mundo y la Argentina a lo largo del siglo XX, con el apoyo de gráficos, con respecto a la puja entre los modelos agroexportador y la sustitución de importaciones, en especial, con el auge del rol del Estado que impulsó el peronismo, y la consecuente industrialización liviana y pesada. Explicó que uno de cada cinco trabajadores registrados “trabaja en la industria nacional”, a diferencia de los que lo hacen en el campo, y subrayó que “la Argentina no puede contener a sus trabajadores” solo en el “sector agrícola, minero o financiero”, no solo porque “no alcanza” sino porque “el sector industrial es que el más multiplica la actividad económica”.

 

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Bilanski, miembro del PATRIA y representante del sector Pyme de la Argentina, ofreció una mirada empresarial y ofreció algunas propuestas para salir del “problemón en el que se metió la Argentina” y del que “los empresarios tenemos bastante responsabilidad”. Opinó que la desindustralización se debe a que los “sectores productivos estamos sometidos por los grandes grupos económicos”. A Néstor Kirchner lo bautizó como “el primer pyme”, y dijo que “durante los últimos diez años no supimos consolidar una correlación de fuerzas” para que ante la irrupción de un gobierno antipopular se les diese pelea. “Se están degradando las políticas públicas que se construyeron durante una década”, que se basaban, fundamentalmente, en el pilar cultural de “creer en nuestras propias capacidades”. “Macri no cree en las capacidades de los argentinos”, afirmó.

 

“Desde el sector empresario identificado con el proyecto nacional proponemos reelaborar un trabajo de acá a cuatro años junto a los sindicatos, las organizaciones sociales y los partidos políticos”, sostuvo Bilanski. Habló de un “diálogo equilibrado entre las partes” y “no sometidos a ciertas estructuras que en el pasado nos llevaron a tomar malas decisiones”. Habló del desafío de la “batalla comunicacional” para que la opinión pública “reconozca nuestros problemas”, que en definitiva son los mismos que sufren las mismas mayorías, cuando un gobierno, por ejemplo, abre de modo indiscriminado las importaciones y el tarifazo”, entre otros.

 

“¿Qué vamos a hacer si volvemos?”, se preguntó. “¿Qué aprendimos durante los últimos meses?, insistió. “En lo personal creo que a las corporaciones se las somete, no se negocia”, y abogó por un Ministerio de Industria o Producción a cargo de las pymes cuando las fuerzas del campo popular vuelvan a ocupar la Casa Rosada.