Las falacias del secretario de Derechos Humanos sobre los derechos humanos

Marcelo Ferreira (Cátedra Libre de Derechos Humanos – Facultad de Filosofía y Letras – UBA)

El secretario de Derechos Humanos Claudio Avruj escribió en el portal Infobae: “La Argentina abrió el 10 de diciembre de 2015 una agenda ampliada de derechos humanos que no está ligada exclusivamente al pasado. Miramos hacia el futuro con los ojos de una memoria sin trampas, que nos incluya a todos. La nueva agenda les pertenece a todos los argentinos. Se acabó la etapa de los derechos humanos para unos”. Estas declaraciones se inscriben en el marco del nuevo paradigma anunciado en su momento por el candidato presidencial Mauricio Macri, cuando sostuvo que “hay que ocuparse de los derechos humanos del siglo XXI…los derechos humanos no pueden ser en términos revanchistas”. Estos juicios contienen groseras falacias.

En primer lugar, sus emisores se arrogan la prerrogativa de jerarquizar derechos humanos: los del siglo XXI y los anteriores, los nuevos y los viejos. Esta pretensión ignora los caracteres de indivisibilidad e interdependencia de los derechos humanos, que no admiten jerarquización ni exclusión alguna, porque la privación de un derecho repercute en los otros. Y se basa en una distinción falsa: no hay derechos humanos nuevos o viejos, del futuro o del pasado. Los derechos a la vida, la integridad física, a no ser objeto de torturas -entre otros- no son derechos humanos “de ayer”, sino “de hoy”, y de siempre. Y ninguna autoridad pública les puede decir a los jueces cuáles derechos proteger y cuáles no, lo que implica también una violación del principio de división de poderes.

En segundo término, los derechos humanos no son “de unos” ni “de otros”, sino de todos, y sostener lo contrario implica ignorar el principio de universalidad de los derechos humanos, y se contradice abiertamente con la consigna de una memoria que nos incluya a todos y una agenda que les pertenece a todos, contenida en la misma frase.

En tercer término, la pretensión de acabar con una etapa exige una aclaración sobre el modo en que se pretende operar esa clausura, del mismo modo que la asociación de derechos humanos con revanchismo obliga a precisiones sobre la equiparación de justicia y venganza, y el rol de los actores. ¿Quiénes frente a quienes actúan en esa revancha? ¿Acaso se trata de demonios? ¿Cuáles son los derechos humanos “para unos” cuya etapa se quiere acabar? ¿Quiénes son “los otros” cuyos derechos no estarían incluidos en esa etapa? ¿Se refieren al alcance de los juicios por violaciones a los derechos humanos en 23 de las 24 jurisdicciones del país? ¿Cuáles son los designios de esa “agenda ampliada” de derechos humanos que estaría enderezada hacia el futuro? ¿Qué nuevos atropellos planean llevar a cabo en ese tránsito, además de la conmutación de penas a genocidas instrumentada recientemente en el tristemente célebre fallo del 2 x 1?

Mal se pueden conciliar todos éstos interrogantes con el propósito de una “memoria sin trampas”. Y sí habilitan, en cambio, a exigir la renuncia de un funcionario indigno de su cargo.