La corrupción y la banalización del ambiente por el neoliberalismo

Una de las tantas acciones nefastas de este gobierno neoliberal autoritario es la continua y estratégica degradación de los conceptos por diversos métodos y formas, incluidos los que subyacen a las concepciones de Estado en la política pública. El concepto de ambiente no ha quedado exento de sus manipulaciones.

Por definición, entendemos a la corrupción como la acción de corromper. En los años noventa, la Ingeniera María Julia Alsogaray, Secretaria de Medio Ambiente de la Nación (1989-1997), en su lamentable y recordada tarea de enajenación del Estado también supo corromper el concepto de ambiente en su quehacer de aniquilación de lo público (lo de todos) en favor de lo suyo (lo de pocos). En aquella época, la devastación tuvo su imagen genuina en esa foto posando semidesnuda con pieles naturales, tan obscena como la promesa de “limpiar el Riachuelo en mil días”. Un hecho más en el proceso de corrupción estructural de nuestro país.

A nuestro entender, también la simple banalización puede ser una acción de corrupción. La posverdad como maniobra para crear y formar opinión pública apelando a las emociones y a las creencias personales sin fundamentos objetivos, es el método elegido por el neoliberalismo de actualidad. No es la ausencia del Estado lo que abunda en estos tiempos, sino por el contrario, la Política Ambiental del gobierno de Cambiemos parece estar al servicio del ocultamiento sistemático de los efectos negativos de las políticas del neoliberalismo sobre el ambiente. La explotación abusiva de los recursos naturales por la reprimarización de la economía, el detrimento de la calidad habitacional que amplifica la problemática ambiental de una población urbana en crecimiento, los procesos de contaminación que ponen en riesgo la salud de los sectores vulnerables de nuestra sociedad, la deforestación indiscriminada, el aumento del riesgo hídrico que produce inundaciones y sequías, y la pérdida de biodiversidad que coadyuva a la degradación y posterior desertificación, son solo algunos de los resultados en el medio de una falta de gestión sobre el ordenamiento territorial y la asignación de recursos a algunos actores, como los agentes privados para la especulación inmobiliaria. Los poderes concentrados de la economía necesitan de espejismos para distraer la atención de los efectos reales, y el gobierno neoliberal sabe cuáles son las acciones mágicas para invocarlos. Es curioso el hecho de aumentar el rango de Secretaría, porque vivimos una época como si hubiera un Ministerio, por eso la elección del Rabino Sergio Bergman al frente de la cartera, aunque esta vez en lugar de pieles naturales nos encontramos con la foto del “hombre vegetal”, por eso reconocemos a la banalización como un recurso útil para ocultar la realidad, que no es más que otra forma de corrupción estructural.

Desde el retorno de la Democracia en nuestro país, el neoliberalismo ha tenido dos oportunidades concretas de gobernar a través de los votos: en la denominada década de los noventa y desde el 10 de diciembre de 2015 a la fecha. En ambas etapas, el neoliberalismo degradó el Ambiente y también a su concepción.

Comisión Ambiente
Instituto Patria
18/09/17