“El desafío de una nueva agenda urbana. Compromisos y escepticismos”

El pasado 12 de diciembre, organizada por las Comisiones de Hábitat y Urbanismo y la de Integración Regional y Relaciones Exteriores del Instituto, se desarrolló una actividad de reflexión sobre la Conferencia Internacional Hábitat III, que se realiza cada veinte años, y que en esta oportunidad se cumplió en Quito, Ecuador en el mes de octubre pasado.

En 1976 Asamblea General de las Naciones Unidas convocó la Conferencia Hábitat I en Vancouver, ya que los gobiernos habían comenzado a reconocer la necesidad de ocuparse de la sostenibilidad de los asentamientos humanos y de las consecuencias de la rápida urbanización. Esos compromisos de Vancouver fueron reconfirmados veinte años más tarde, en 1996, en la conferencia Hábitat II en Estambul.

En esta oportunidad, en el Instituto PATRIA, expusieron Oscar Laborde, actual Diputado del Parlasur y Eduardo Resee integrante del CELS y docente de la Universidad Nacional de General Sarmiento y moderó Rubén Pascolini, miembro de la Comisión de Hábitat y Urbanismo del Instituto.

Oscar Laborde contextualizó el escenario mundial en el que se desarrolló Hábitat III. Lo consideró transicional, inestable, lleno de insatisfacción y de hartazgo por parte de amplios sectores de la población mundial, y con fuertes niveles de concentración creciente de la riqueza (sesenta y dos personas concentran la misma riqueza que la mitad de la población mundial); también resaltó como atributo de la época, la gran preminencia del capital financiero sobre el productivo (la burbuja inmobiliaria, el acaparamiento de tierras, la compra de áreas urbanas, son algunos ejemplos de la intervención de esa fracción del capital en el mercado inmobiliario).

Eduardo Resee, por otro lado describió los alcances de la Nueva Agenda Urbana, aprobada en Hábitat III que pretende marcar la estrategia del desarrollo urbano en los próximos veinte años.

Explicó que no hubo un solo encuentro, que además de la Conferencia Oficial, protagonizada por los gobiernos nacionales e instituciones internacionales, se desarrollaron dos encuentros, el Hábitat Alternativo, con participación fundamentalmente de intelectuales y autoridades locales, movimientos populares, académicos y en tercer término el ‘Encuentro Todas las Voces en Resistencia’ desempeñado por movimientos sociales y organizaciones de base.

Resee destacó que se plantea una Nueva Agenda Urbana (NAU) separando los procesos urbanos del modelo de ciudad que está detrás y fundamentalmente del modelo de desarrollo, de sociedad, que las produce; resaltó que no se sitúa el abordaje del futuro de las ciudades desde una crítica al capitalismo en su fase actual, la mercantilización o la financiarización del mercado inmobiliario. Insistió en que en el encuentro oficial prevaleció la descripción de la realidad de las ciudades a través de “imágenes planas” que se iban presentando sin expresar la conflictividad y menos aún revelando las causas de la misma.

Fue muy crítico de la calidad y la profundidad del informe presentado por la Argentina y reconoció que de acuerdo a las investigaciones realizadas, nuestro país no ha estado atento explícitamente a las recomendaciones y compromisos que se establecen en estos foros internacionales. Propuso entender ese “desinterés” argentino por esas declaraciones y compromisos globales, atendiendo el histórico espíritu crítico de la diplomacia exterior nacional hacia lo que se considera el habitual “doble estándar” de los países centrales que conducen estos organismos resultados de la segunda gran guerra. Aclaró que, sin embargo la Argentina ha realizado esfuerzos significativos por cumplir con la responsabilidad de que, la población acceda a los servicios básicos.

Hubo muchas intervenciones de los asistentes; finalmente Oscar Laborde nos convocó a pensar este tiempo en clave de transformación y no de desarrollo, Eduardo Resee a pensar el derecho al hábitat y a la ciudad inscriptos en la estrategia más general del acceso a los derechos humanos y todos coincidimos en que los avances en el acceso al hábitat, como en cualquier otro aspecto de un proyecto de sociedad se sostiene con progresos institucionales y con más organización, con más conciencia, combinando “el palacio y la calle”.