Condenamos el ataque militar a Siria

La Comisión de Integración Regional y Asuntos Internacionales del Instituto PATRIA condena el ataque militar a Siria, acción coordinada entre Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña, la cual fue anunciada en conferencia de prensa por Donald Trump el 13 de abril.

Asimismo, solicitamos al Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la República Argentina que aporte a los organismos correspondientes las pruebas con las que cuenta acerca del uso de armas químicas en Siria. Nos referimos al comunicado “situación en Siria” (información para la prensa nº149/18), en el cual condena el uso de armas químicas, lo cual no está comprobado y que, como en Irak en 2003, pareciese estar funcionando como una excusa para retroalimentar una más de las tantas guerras que ha impulsado el gobierno de los Estados Unidos.

Nos solidarizamos con el pueblo de Siria y, fieles a nuestra concepción filosófica y geopolítica heredera de la tercera posición que planteó Perón, abogamos por la autodeterminación de los pueblos y la soberanía de los Estados, avasallada nuevamente por las potencias occidentales que ya en 1918 (acuerdo Sykes Picot realizado por Gran Bretaña y Francia) se habían repartido a su antojo la región y por los Estados Unidos que, desde mediados de siglo XX, ha promovido numerosos golpes de Estado y guerras, provocando catástrofes humanitarias que constituyen flagelos irreparables en Afganistán, Irak, Libia y ahora Siria, por supuesto, siempre en nombre de la libertad, la democracia y los derechos humanos.

Destacamos y agradecemos el apoyo de Sacha Llorenti, representante permanente de Bolivia ante la ONU quien, en un valiente discurso ante el Consejo de Seguridad, señaló el incumplimiento de Gran Bretaña de las Resoluciones sobre Malvinas, como otro ejemplo del pertinaz desprecio al derecho internacional por parte de las grandes potencias.

El Instituto Patria coincide en la preocupación profunda del Papa Francisco ante esta “tercera Guerra Mundial en pedazos” que según el primer papa latinoamericano “no es orgánica pero sí organizada” y provocada “no por conflictos culturales o religiosos, sino por intereses imperiales que buscan la dominación de los pueblos y el aprovechamiento de los recursos naturales”.