Acerca de militancias y aguantaderos

“Hay que volver a jerarquizar la importancia del empleado estatal a partir del concurso público para dejar de lado la intervención nociva que tuvo la política de convertir el Estado en un aguantadero”, aseguró Macri en el Salón Blanco de la Casa Rosada. Y después agregó: “El Estado no es de aquellos a los que nos toca gobernar, el Estado es de los ciudadanos” (Diario La Nación, 19 de abril de 2017)

El presidente de la Nación volvió a expresar su aversión hacia lo público, y en este caso particular, hacia los trabajadores públicos. Sus descalificaciones fueron realizadas durante la firma de un convenio con las provincias, en presencia de gobernadores y dirigentes sindicales. Cabría preguntarse, en primer lugar, si estas personas que lo acompañaban se reconocen como trabajadores públicos y si, por esa razón, no se sintieron agraviadas.

En segundo lugar, la declaración se realiza invocando la transparencia de “futuros concursos”, cuando fue la actual gestión la que congeló procesos de selección en el Estado nacional, los que se realizaban según las normas vigentes y con la participación en calidad de veedores de los representantes de ATE y UPCN.

En tercer lugar, y más grave aún, constatamos que el Presidente ignora y desprecia las tareas realizadas por los docentes (que hoy enfrentan la violación de la ley respecto de la obligación del Estado de convocar a la Paritaria Nacional del sector), ignora y desprecia el sacrificio de los bomberos que tuvieron que afrontar el sospechoso incendio de Iron Mountain con su carga de funcionarios públicos muertos. Ignora y desprecia también el trabajo de investigadores, técnicos y empleados de diversas categorías que todos los días dan cuenta de las más variadas necesidades sociales: tramitación de pensiones y jubilaciones, atención de la salud, preservación de parques y reservas naturales, protección de sectores desprotegidos, etc. Esta reseña incompleta también incluye a quienes elaboran informes, dictámenes y proyectos de normas que velan por el Estado de derecho y el respeto de las garantías constitucionales. Estas tareas no son realizadas por gerentes farmacéuticos, petroleros, financistas o propietarios de cadenas de supermercados, sino por 4 millones de trabajadores que en los tres niveles de nuestro sistema federal construyen día a día el destino nacional.

La ignorancia y el desprecio llevan a afirmar que “el Estado se ha movido hasta ahora sólo con papeles”, omitiendo la existencia de un sistema público de información financiera consistente, el pago de la Asignación Universal por Hijo a través de ANSES en forma veloz y confiable, la entrega del Documento Nacional de Identidad por medio de procedimientos seguros. Esta enumeración da cuenta de importantes transformaciones en la gestión del Estado en el RENAPER, la AFIP, la ANSES y otros organismos.

Este manto de desprecio e ignorancia no es casual: sirve para esconder intereses de clase. El gobierno de gerentes encabezado por Mauricio Macri aspira a recuperar el control de Estado para la clase dominante, frustrando así la vocación de quienes trabajan en el sector público para reparar las injusticias del mercado. Esta vocación, que no es neutra, se fragua en militancias sociales, gremiales y políticas y se consolida en el trabajo cotidiano en programas y ámbitos del Estado.

Si Francia es la cuna de la meritocracia y la excelencia estatal que la clase dominante admira, nos sumaremos a las expresiones de uno de sus mejores dirigentes. Dice Jean-Luc Mélenchon: “me importan un bledo esos discursos sobre la modernidad. Lo moderno es la protección social, el código del trabajo, lo moderno es el trabajo que permite vivir”.

Comisión Estado y Administración Pública
Instituto Patria, 19 de abril de 2017.